Semana XII: Desarrollo humano y psicología educativa.
Aproximarse al desarrollo humano concierne a una serie de elementos que tienen que ver con las condiciones reales en las cuales se manifiestan los procesos psicológicos. Más allá de estos procesos se ha de tener en cuenta el contenido de estos y la manera como la persona interactúa con su entorno y viceversa, afectandose entre sí. Bajo esta mirada, los procesos psicológicos individuales no tienen lugar en el vacío sino en todo un contexto de relaciones mutuas, cuyas interacciones originan cambios (objeto de estudio de la psi.) entre los distintos sistemas que enmarcan la vida de las personas. Esta es una perspectiva que nos propone Bronfenbrenner con su modelo ecológico del desarrollo humano.
El desarrollo como un proceso dinámico y cambiante, donde las personas se van adaptando a su entorno, mediante reorganizaciones progresivas en tiempo y espacio a través de ciertos procesos de percepción y acción como unidades del desarrollo. La ecología alude al estudio de las relaciones de los seres vivos con su ambiente. Todo cambio se da en el marco de un entorno que promueve u obstaculiza el desarrollo. Así, el contexto afecta el desarrollo y la persona también afecta el entorno. La educación vendría siendo un medio importante a través del cual fomentar una adecuada interacción con el entorno que redunde en bienestar y salud para el ser humano.
En este sentido subyacen ciertos principios educativos que son pertinentes en el trabajo cotidiano de la psicología educativa. Uno de ellos es la subordinación de la ciencia a la política social, donde la ciencia participe de las decisiones respecto a las políticas educativas que afectan el desarrollo. También, el desarrollo en función de la exploración y autonomía en actividades un poco asistenciales (infancia) hasta proveer los recursos para un aprendizaje más libre. La articulación entre actores también promueve el desarrollo, por ejemplo, la asociación de padres de familia en el contexto educativo. También, el desarrollo como prácticas de cuidado, donde el Otro adquiere un interés particular. La necesidad de recursos que promuevan y sostengan oportunidades. Y por último, la potenciación del desarrollo a través de participación e interacción creciente.
Por: Melany González
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