Semana IV: Tensiones en la psicología educativa
La psicología educativa tiene sus inicios en el siglo XIX donde se empezó a estudiar las diferencias individuales ya aproximarse a indagar ciertos procesos como el aprendizaje y el desarrollo humano encaminados al bienestar humano. Así, en los primeros años del siglo XX la preocupación esencial giraba en torno a establecer a la psicología como disciplina. No obstante, en los años 60, se perdió el foco y la unidad interna de la psicología de la educación como tal y empiezan a aparecer distintos puntos de interés y de abordaje que llevo a lo que se plantea como una multipluriparadigmaticidad. Esto, de igual forma permitió dar cuenta de la complejidad en el estudio de la educación, por lo que en los 70s ya se hablaba de disciplinas establecidas.
De acuerdo a esto, se presentaron dos tensiones fundamentales entre posiciones que buscan dar respuesta a cerca del rol de la psicología en la educación y la forma en que se debe tomar la enseñanza para estudiarla y abordarla. Así, el lugar del psicólogo en la educación, su función y objetivo, determinan las dos formas de comprensión que se exponen. Estas son la aplicacionista y la interdependiente.
Por una parte, la posición aplicacionista toma el conocimiento de la psicología como el único que permite estudiar los fenómenos evidenciados en la educación y que este mismo es un ámbito de aplicación de la misma, basándose en el hecho que la conducta humana responde de forma universal. Por tal razón, busca aplicarla de forma pertinente de acuerdo a los contextos y condiciones. En este sentido, esta posición se limita a la riqueza que trae consigo la práctica y encuentro de varias disciplinas para explicar y estudiar un fenómeno.
Por otra parte, está la posición intedependiente que comprende que el abordaje y el estudio de los problemas evidenciados en la educación deben tener un corte multidisciplinar que permita validarlos ecológicamente. Así, esta posición da cuenta de la psicología que diseña instrumentos claves para el estudio y la comprensión de los fenómenos que se dan en el ambiente educativo con el fin de propiciar mejoras en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Asimismo, como se habló la semana, esta posición permite determinar la psicología educativa como aquella que tiene como fin ser un puente entre la psicología y la educación.
Estas dos posiciones dan cuenta de la existencia de dos paradigmas que suponen dos formas de abordar y trabajar la psicología educativa y permiten evidenciar los escenarios donde un psicólogo educativo puede desempeñarse, siendo estos orientación, consejería, investigación educativa, gestión de centros educativos, evaluación de recursos y herramientas educativas, entre otros.
Por: Angie Cervantes
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