Semana IV: Psicología y educación, que predomina en la Psicología educativa

 ¿A la hora de analizar y abordar la psicología educativa que debería primar más la psicología o la educación? Este es un cuestionamiento que ha producido numerosos debates a lo largo de la historia de la psicología educativa. Su carácter controversial radica en la definición del objeto de la psicología educativa. Por una parte, esta disciplina es considerada como la aplicación de los conocimientos sobre lo psicológico en el contexto educativo, es decir, como lo psicológico es de tipo ecuménico es sensible de ser aplicado en todos los procesos y problemáticas educativas. 

Especialmente, porque la psicología educativa era considerada como una practica sin objeto de estudio propio, como un simple receptor de conocimientos de un campo de mayor jerarquía (psicología). Siendo estos filtrados por un sujeto que evalúa las necesidades del medio y en correspondencia a este, selecciona y aplica los saberes. Cabe resaltar, que esta superioridad epistemológica, se reafirma por medio de investigaciones realizadas por el saber de mayor rango. Que, en su afán por declarar supremacía, aislaba las contribuciones y retroalimentaciones que brinda el campo educativo, generando así un reduccionismo, afianzando la brecha y fomentando procesos que obvian a los verdaderos actores transformadores, también conocidos como actores de la comunidad educativa. 

En contraste, el enfoque interdependiente promueve la aproximación, análisis e intervención desde una visión multi e interdisciplinaria que contempla los diferentes sistemas donde el individuo interactúa, en otras palabras, cimienta y soporta su practica en la validez ecológica. En este sentido, la Psicología de la educación como subdisciplina equipara el valor de los aportes de la psicología y la educación. Considera que ambas se encuentran íntimamente relacionadas y a partir de esta interdependencia identifica los métodos de solución y mitigación de problemáticas, reconoce las dinámicas, patrones conductuales y de pensamiento que comparten los individuos inmersos en ese contexto. Debido a que los actores educativos son los que llevan a cabos las acciones transformadoras a través de la participación en las actividades educativas y los psicólogos educativos mediadores y catalizadores de prácticas que corresponden a la relación vincular que desarrolla cada uno de los yo con los otros, gracias al compartir constante (intersubjetividad), el dialogo o interacción entre pares a partir de unas configuraciones mentales particulares dentro de un marco institucional y normativo que regula, controla y prescribe ciertos modus operandi acatados en gran parte por los miembros. 

Lo anterior, que alimenta y conforma el contexto, permite que los psicólogos educativos puedan definir su ejercicio de manera eficaz, pertinente y útil. Debido a que considera las múltiples demandas, necesidades y exigencias del colectivo con el que se trabaja. Por ende, puede adaptar las teorías, técnicas, y estrategias, comprender los fenómenos y procesos e intervenir de una manera sistémica que aumente los beneficios y potencie las fortalezas de los seres involucrados. Para ello, es primordial que el psicólogo tenga las capacidades y habilidades para desarrollar determinadas tareas de manera oportuna y valida, al mismo tiempo, que reconoce la exigüidad de algunos de sus recursos, fortalezas, aspectos a mejorar y los límites de su práctica. Todo con base en un saber-hacer que se empieza a consolidar en la formación y se nutre en el ejercicio. Desarrollado con la firme intención de transformar por medio del quehacer educativo a las personas en contextos tradicionales como las escuelas o en medios alternativos. Siendo no solo los alumnos el sujeto potenciado sino los pares que de manera directa o indirecta también están involucrados e influyen en los fenómenos educativos.


Por: Michelle Gutiérrez Sanmartín 

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