Semana IV: Amor a la psicología
Amor hacia la psicología, es lo que me hace pensar los conocimientos desarrollados durante esta semana, amor hacia esta carrera para poder usar esta ciencia para mejorar las vidas, en el caso específico de la educación también se necesita pasión por el aprendizaje, para que se usen las técnicas adecuadas que permitan mejorarlo, y, aunque el camino a que esto suceda sea amplio y arduo, saber que esta ciencia permite mejorar el saber.
Ahora bien, en el camino a mejorar este ámbito, ¿cómo se va a proceder? muchos plantean que todo el conocimiento para alcanzar el éxito en el ámbito educativo proviene de la un solo lado, la psicología; las personas motivadas por esa idea pertenecen al paradigma aplicacionista donde se encuentran en búsqueda de leyes universales para explicar el comportamiento humano. Por el otro lado, se encuentran aquellos que afirman que el conocimiento no sólo va de la psicología a la educación, sino que sucede también al contrario y que, esta comunicación entre ambos ámbitos se afectan mutuamente.
Por otro lado, los psicólogos educativos, más allá del paradigma con el que estén de acuerdo, deben tener en cuenta y muy en claro qué es la psicología educativa y cuáles son sus fines. Respecto a lo primero, quizá la consiguiente es algo que se debe tener en cuenta para una completa definición porque dá cuenta de la complejidad de la educación. Es así que cito lo siguiente:
La educación comporta siempre que alguien (profesorado, padres, instructores, monitores, medios de comunicación) enseña (intención de influir) algo (materias del currículo, hábitos, destrezas, normas, valores, etc.) a alguien (alumnos, hijos, empleados, espectadores, visitantes a un museo, etc.) en un contexto institucional (escuela, familia, comunidad, museo, etc.) con un propósito (desarrollar capacidades, adquirir conocimientos, destrezas, hábitos, asimilar valores, etc.) y esperando unos resultados (en destinatarios de acción educativa) que son a menudo evaluados (verificar que se han alcanzado propósitos y obtenido resultados esperados) (coll, 2003, 51).
Me parece que es complejo porque “la educación [...] alguien enseña”, sí, pero esta persona debe estar preparada completamente tanto para saber cómo enseñar como para enseñar lo que debe; “a alguien”, en ese sentido, ese alguien debe tener una disposición a aprender y va a disponer de ciertos procesos psicológicos, va a estar dentro de un contexto que le supone diferentes retos a superar, y un sin fin de factores más que van a afectar a ese “alguien enseña” y a ese “a alguien”. Aparte de eso, la enseñanza debe tener un propósito y resultados, que se van a evaluar; y, de lo uno a lo otro hay toda una gama de situaciones que podrían afectar que el propósito llegue adecuadamente a la persona que aprende y de esta forma el resto (los resultados y la evaluación) se distorsione.
Por lo anterior, me gustaría pensar que más allá de cada una de las contradicciones que existen en la psicología educativa, haya una unión para que el resultado obtenido cuando haya intervenciones psicoeducativas sea la transformación de las personas usando estas técnicas. Y si bien, nunca se llegará a un consenso sobre qué es lo mejor, el psicólogo educativo debe garantizar dar lo mejor de sí a las personas.
Por: Elizabeth Rangel
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