Semana III: los retos en la formación practica del psicólogo (a) educativo

Parte de las consideraciones que se tienen en cuenta al abordar la profesión del psicólogo (a) que se forma y que ejerce, son las condiciones y el contexto en el cual nos desenvolvemos, estos son complejos y altamente cambiantes, en parte al fenómeno de la globalización. En este sentido, y en consecuencia de lo anterior, los fundamentos y estrategias encaminadas a la formación de psicólogos (as) sufren una serie de retos o desafíos en la consecución óptima de sus objetivos. Retos que precisamente se abordan y teorizan para dar pie a una discusión con miras a una toma de decisiones pertinentes al caso. 


En cuanto a esos nuevos retos tanto teóricos como metodológicos, se plantea el estudio y acercamiento del sujeto desde una visión más holística o sistémica, de modo que se aborde en relación con el contexto familiar, escolar o comunitario del individuo. De este modo, paralelamente se estaría optando por superar el individualismo metodológico y el reduccionismo psicológico, en la medida que los atributos del sujeto se exploran no de manera aislada sino de forma contextualizada al incluir los contextos que posibilitan estos atributos. Asumir entonces un enfoque integrador o ecológico se propone como uno de los retos fundamentales del psicólogo/a educativo.

 

Asimismo, hay todo un arsenal de ámbitos de intervención para este profesional, entre ellos, comprender la influencia de otros actores en el proceso educativo, los cuales también tienen intereses particulares. También, dar atención a la infancia y adolescencia desprotegida y marginada de los servicios educativos, y no solo quedarse en la práctica escolarizada (e infantil); formar agentes educativos; intervenir en los problemas y desigualdades educativas con una visión renovada respecto de estos y su vinculación y cómo se expresan en distintas problemáticas educativas como deserción, reprobación, o en el bajo aprovechamiento escolar. 


Si damos una mirada profunda a todo esto, se percibe que es menester entonces que el profesional cuente con una serie de competencias que le permitirán dar respuestas apropiadas y pertinentes. Tales competencias se instauran durante su formación, misma que debe habilitar al psicólogo (a) a ejercer sobre las demandas de la sociedad acerca del conocimiento psicológico. Por ello, en las instituciones encargadas de brindar esta formación se hacen revisiones del currículum y del contexto social inmerso. Además, los avances que se van logrando en la disciplina, van a permitir el desarrollo de estrategias y herramientas para la práctica adecuada y contextualizada de la profesión. Por lo que al final el profesional debe contar con un pensamiento psicológico, con fundamentos en la investigación, con habilidades en intervención psicológica, con una competencia ética, y un dominio de la evaluación psicológica como criterio de sus impresiones. Y algo necesario en todo este proceso es que además se cuente con una práctica supervisada del psicólogo/a en formación en distintos escenarios que le permitirán ir aplicando lo aprendido. 


Los nuevos contextos demandan nuevas revisiones y renovaciones en la metodología de la formación y práctica del psicólogo como profesional cualificado a responder frente a las distintas demandas de la humanidad. Por ende, más que teorizar en estos aspectos es necesario crear reformas a niveles justos de lo que se requiere y se propone en las distintas discusiones donde se debate una reformulación de la formación del psicólogo educativo.

Por: Melany González 

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