Semana II: ¿Es posible solucionar problemas pensando de la misma manera?
Actualmente es posible identificar diversas problemáticas en nuestra sociedad, de hecho, en algunas ocasiones hemos sido protagonistas, actores secundarios o espectadores. Si bien, algunos de estos problemas tienen un génesis complejo, iniciado y promovido en estructuras políticas y gubernamentales, otros son el pan de cada día en las instituciones educativas y, en cierto grado, somos participes y potenciadores del problema.
En relación con lo mencionado, considero que existen una serie de factores que participan en la constitución y mantenimiento de las problemáticas en el campo educativo, entre ellos el desconocimiento y la promoción de la pasividad. En muchas instituciones educativas es posible observar cómo se aferran a una serie de prejuicios, estigmas y conductas supersticiosas que impiden en cierto grado que los alumnos adquieran una serie de conocimientos, que por derecho deberían ser adquiridos. Un ejemplo de ello es cuando algunas escuelas o colegios se niegan a socializar los saberes relacionados con la educación sexual y reproductiva, dificultando así, el ejercicio responsable de los derechos sexuales y reproductivos.
A su vez, en algunos entornos educativos se promueve o se intenta instaurar la pasividad. Por una parte, cuando se invalida continuamente al estudiante, maestro o cualquier actor que quiera fomentar cambios, mejoras a los sistemas o protocolos ineficientes. Y por otro, cuando se señala e incluso se critica a quienes tengan una dinámica de aprendizaje, opiniones o requiere unas condiciones particulares. Una manera de ilustrar esto son los casos en que algunos docentes con métodos de enseñanza dogmáticos impiden que los alumnos expresen sus opiniones, interactúen y reciban retroalimentaciones que permitan la consolidación de conocimientos significativos. Al igual que la administración de refuerzos impertinentes para la población o contexto, que en lugar de contribuir al proceso de aprendizaje hacen que el sujeto (quien lo recibe o el que no accede a él) pueda sentirse desmotivado, por tanto, puede ser más probable el surgimiento del fracaso escolar.
Cabe resaltar que también nos convertimos en agentes pasivos cuando no aportamos potenciales soluciones o acciones que mitiguen la problemática. Por ello resulta fundamental que los actores del ámbito educacional, especialmente los psicólogos, analicen profundamente las problemáticas. Por consiguiente, resulta fundamental definir claramente el problema, evaluar las causas, los efectos, la magnitud que posee, si este problema se asocia o promueve otros, cuales son las particularidades, manifestaciones, variaciones (aumento, disminuciones, estabilidad) e impacto en la población, expresado comúnmente por reportes estadísticos oficiales o aproximaciones (proxys). Todo con el fin de obtener una comprensión valida del fenómeno que se esta desarrollando y afectando a la población, con base en una documentación proveniente de fuentes útiles, precisas, de calidad que permiten refinar conceptos, establecer relaciones, diferenciar, falsear, comparar, identificar tendencias y/o abordajes comunes. Al igual que producir nuevas alternativas, conclusiones, procedimientos y cursos de acción.
Por: Michelle Gutiérrez Sanmartín
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